La casa: necesidad&derecho

Comenzamos el taller acercándonos a la casa desde la consideración de la misma como una necesidad básica para la vida. A partir de ahí reflexionaremos sobre cómo esta necesidad está recogida en las declaraciones de derechos humanos, de las constituciones y se plasman en las políticas de vivienda. ¿Cómo accedemos a la casa? ¿Qué mecanismos tiene prevista la sociedad para facilitar que podamos acceder a una vivienda? ¿Qué ocurre cuando una parte significativa de la sociedad no puede acceder a este derecho? ¿Tenemos los arquitectos alguna responsabilidad en el cumplimiento de este derecho? ¿Cuál es nuestra función social en relación al derecho a la vivienda y la ciudad? ¿Qué podemos aportar para facilitar el cumplimiento efectivo de estos derechos?

El derecho a la vivienda viene recogido en el artículo 25 de la Declaración de Derechos Humanos, en el artículo 47 de la Constitución Española y, recientemente, ha sido recogido por la Ley Reguladora del Derecho a la Vivienda en Andalucía. No obstante es un derecho considerado de segunda generación que no obliga a los estados a satisfacerlo. La Declaración del milenio se propone como objetivo reducir en 100 millones el número de personas que viven en tugurios, barrios de chabolas, bidonvilles, ranchitos,… En la actualidad superan los mil millones y siguen en aumento.

En España y Andalucía, el Defensor Andaluz del Pueblo se hizo eco en su informe de 2003 al Parlamento de Andalucía de la alarma social suscitada por la subida de los precios debida a las dinámicas especulativas. En todo el mundo surgen movimientos sociales por el derecho a la vivienda. A nivel internacional destaca el trabajo de H.I.C. (Coalición Internacional del Hábitat). En nuestro país, cabe destacar el movimiento V de Vivienda o la Asamblea por una Vivienda Digna, muy activa en los últimos meses.

Estableceremos un diálogo en clase, dejaremos algunos materiales de referencia y os proponemos escribir un post firmado de una extensión de entre 500 y  1000 palabras sobre el tema, presentando vuestras reflexiones y argumentaciones sobre la cuestión.

REFERENCIAS

DE MANUEL JEREZ, E. (2002): Formar ciudadanos en la Universidad: Experiencias en Arquitectura,  en 3ª Jornadas Andaluzas de Calidad, Universidad de Sevilla

SUGRANYES, ANA (2010): El derecho a la ciudad. Praxis de la utopía, en Revista Hábitat y Desarrollo, nº1


17 responses to “La casa: necesidad&derecho

  • elisa carrasquilla hernández

    En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 25: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, …”.

    Viajamos hasta el presente: España está sumida en una grave crisis económica. Digamos que todo esto tiene su origen en 1998 cuando surgió la nueva ley del suelo, en la que se proponía privatizar el mercado del suelo. Consistía en que si aumentamos el terreno urbanizable y convertimos el sector de la construcción en un negocio bastante rentable, se multiplicarán las inversiones, se construirán más casas y por tanto los precios bajarán. De ese modo muchos españoles podrían tener vivienda propia. Más adelante, en 2002 se propone la reforma laboral, que tiene como objetivo disminuir el paro. Todo esto tuvo como resultado: COMPRAR UNA CASA.

    Como consecuencia de ello, el precio de la vivienda aumentó de modo que en 2002, el precio del m2 era de 1.667 €.
    3 años más tarde, en España se construían más viviendas que en Alemania, Francia e Italia juntas. El precio del suelo siguió aumentando hasta alcanzar los 2.516 € el m2.

    Los salarios por los puestos de trabajo seguían siendo los mismos, y no podían hacer frente al precio de la vivienda. En todo esto cobra un papel importante nuestros amigos, los bancos. Y es que empezaron a conceder créditos con intereses muy bajos, para que nos ayudasen con la vivienda.
    Los bancos, por consiguiente se empezaron a endeudar con otras empresas. Denegaron créditos, y todo esto tuvo un efecto contrario. España había conseguido en apenas 10 años endeudarse de una forma descomunal. Hasta ahora.

    Tal como está la situación española, debido a la famosa “Burbuja Inmobiliaria”, los españoles prefieren optar por una vivienda alquilada antes que recurrir a su compra, pues, aunque actualmente vaya disminuyendo poco a poco el precio de la vivienda, aun sigue siendo muy cara.

    Todo esto nos lleva a pensar que tal vez, el día en que queramos “ver los frutos de nuestros ingresos” nos demos cuenta que realmente no tenemos nada de nuestra propiedad. De esto se deriva que, si la mayor parte de la gente vive de alquiler, y que debido a la construcción masiva que hubo entre 2005 y 2006, se puede decir que ya están construidas todas las viviendas, y que la arquitectura como diseño y construcción ha terminado. Únicamente le queda transformar las viviendas existentes para adaptarlas a nuevas necesidades.

    Hay quien piensa, por otro lado, que el futuro es vivir de un lado a otro, sin un lugar fijo, y por consiguiente viviendo de alquiler, en hoteles, …
    Sin embargo, mi opinión es otra: puede que se dé esa situación de viajar por todo el mundo, conociendo nuevas culturas, orígenes, e incorporándolo a nuestra profesión. Pero a medio camino nos daremos cuenta que necesitamos asentarnos en un lugar, invertir en una vivienda, formar una familia, una vida estable, con la única razón de sentir que tenemos algo nuestro, que aquello en lo que hemos invertido dará su fruto en un futuro.

  • Fernando GC

    LA CASA COMO NECESIDAD Y COMO DERECHO

    La casa es un concepto que a mi parecer podríamos abordar desde varios aspectos: la casa como un bien, pero que en el fondo tendría también una dimensión social al tratarse de un derecho fundamental tal y como refleja la Constitución, también se podría abordar desde lo territorial debido a la clara huella que ésta deja en el paisaje y por ultimo podríamos abordarlo también desde una perspectiva económica, como una inversión a corto o largo plazo. A todo esto se le une una serie de políticas y leyes que la condicionan. Esta mentalidad de vivienda como una inversión y no como un derecho fundamental es, según mi opinión, la causa de que miles de familias hoy en día se encuentren en una situación crítica, sin una casa y sin ningún apoyo por parte de la administración pública.

    La mentalidad que hoy en día tenemos sobre la vivienda creo que puede derivar en un tipo de segregación-zonificación. La vivienda o quizás la imposibilidad de tenerla se convierte en motivo de discriminación hacia algunos sectores de la población entre los que comúnmente se encontraban jóvenes e inmigrantes y entre los que cada vez más encontramos a familias con hijos. El acceso a la vivienda, reconocido como un derecho fundamental en la Constitución Española, tradicionalmente ha sido un camino que nos lleva a una segregación social. El alto precio que en años anteriores ha alcanzado la vivienda y a la vez la falta de alternativas que existe en España de espacios residenciales públicos para colectivos con menos recursos nos hace encontrarnos con una situación de zonificación reflejada en el plano de cualquier ciudad. Así que la situación actual del mercado de la vivienda a la vez que la situación precaria de salario de varios sectores de la población hace imposible acceder a una vivienda de propiedad. También creo que la mentalidad de vivienda como inversión ha hecho que aumento el precio de la misma ya que esta mentalidad abre un camino que haría pensar en la vivienda como capricho y no como un derecho primordial.

    Todo el mundo tiene el derecho de acceder a una vivienda digna entendiendo que en nuestro país estamos lejos de decir que este es un derecho que efectivamente satisface a todos sectores de población. Esta expresión de casa digna no debería quedarse como palabras que se las lleva el viento (cosas que a mi parecer ocurre hoy en día) sino que esta expresión debiere ser traducida en compromisos públicos, en alquiler y propiedad como opciones libres , equilibradas y accesibles para todos los ciudadanos que cumplan por supuesto todas las condiciones de habitabilidad adaptadas incluso a necesidades especiales si fuese el caso, en mi opinión la solución más evidente para solucionar todo este problema de la vivienda sería la inversión pública hacia la misma.

    Ya que lo hemos mencionado, el tema del alquiler de vivienda es algo muy minoritario en nuestro país, no ya solo debido a esa mentalidad de propiedad que tenemos en España sino también debido a que los altos precios del alquiler hace pensar a una pareja o familia si de verdad le conviene más el alquiler si por un poco mas pueden pagar una hipoteca y tener algo ahí seguro, en propiedad , y no estar toda tu vida pagando sin posibilidad de que un día sea tuyo. Debemos destacar la estructura residencial española donde destaca un enorme peso por parte de la vivienda en propiedad con un 86 % del total según los datos que hemos comprobado frente al 14% restante como vivienda de alquiler de la cual solo el 2% es vivienda de alquiler social. Con estos datos podemos claramente justificar que España no posee un campo de vivienda de alquiler lo bastante amplio que pudiera satisfacer las necesidades de muchas familias que no tienen acceso a una vivienda en propiedad, cada día más gente.

    FERNANDO GUERRERO CARRERA
    GRUPO 2.10

  • Víctor Manuel Medina Díaz

    LA CASA COMO NECESIDAD Y COMO DERECHO

    El acceso a la vivienda es un derecho humano básico al que todos debemos contribuir en la medida de lo posible. Pero claro, se trata de un derecho que se está viendo cada vez más alejado de la realidad, a consecuencia de la crisis en la que se está viendo inmersa la sociedad y en la que son miles y miles los ciudadanos que se han visto desahuciados de sus viviendas a causa de impagos de la hipoteca. En mi opinión, el embargo de viviendas a familias hipotecadas es un hecho bastante desagradable que deberíamos erradicar en la medida de lo posible, puesto que al perder la vivienda ya se les están privando no solo del derecho a la vivienda digna, sino que además se cuestionan otros derechos relacionados como el del bienestar, la seguridad, etc. ya que si el derecho a la vivienda no es posible tampoco lo es la posibilidad de una vida segura y de la integridad física de los individuos, lo que sería tachable como inconstitucional. Pero no es esa la totalidad del problema, sino que una vez que núcleos familiares son desahuciados, las viviendas son incautadas por los bancos y se vuelve a poner en marcha el proceso especulativo. De esta forma, cada vez se van embargando más viviendas que van siendo acumuladas por bancos, situación un tanto paradójica, ya que aumenta el numero de viviendas deshabitadas en un marco social donde aumenta la dificultad de encontrar acceso a viviendas que se adapten a la economía de familias y demandantes, lo que hace incumplir el derecho constitucional de “acceso a una vivienda digna”.

    Por otro lado, la especulación llevada a cabo por administraciones públicas y bancos ha ido aumentando más el precio del suelo, lo que contribuye como consecuencia a elevar el precio de la vivienda, y que repercute, en los años que corren, en que sean numerosas las familias que no arriesguen en hipotecas y, en cambio, opten por el método del alquiler de viviendas para poder desarrollar su vida.

    En cualquier caso, desde mi punto de vista, actualmente el acceso a la vivienda no está visto por algunos como necesidad y derecho sino como un simple negocio en el que algunos se benefician y enriquecen mientras que muchos clientes se ven empobrecidos y en muchos casos embargados con el cargo de una deuda a la que hacer frente.

    Está claro que toda persona tiene derecho a una vivienda, pero ¿hasta que punto el arquitecto ha de comprometerse con este hecho? Desde mi punto de vista, ha de ser el propio Estado con su constitución el que otorgue a cada persona el derecho al acceso a una vivienda digna, pero también ha de ser el propio arquitecto el que se comprometa con la creación de una amplia tipología de viviendas que puedan ser asignadas a los ciudadanos en función de las distintas necesidades de los ocupantes de la casa. Es por ello que el arquitecto ha de plantearse desde el inicio de sus estudios a la problemática que se enfrenta la sociedad y hacer frente a ello mediante la creación de proyectos asequibles y que estén al alcance de la sociedad. Así mismo, el arquitecto ha de estar comprometido con el diseño y creación de viviendas accesibles a todo tipo de clientes sea cual sea su situación física, económica, etc. Del mismo modo es competencia de arquitectos el hecho de crear viviendas cada vez más sostenibles y eficientes, que reduzcan al máximo la demanda energética, así como que cumplan las condiciones de funcionalidad, seguridad y habitabilidad, lo que hace asegurar al cliente el acceso a una vivienda digna.

    Víctor Manuel Medina Díaz, 2.10

  • Antonio Gómez Salas

    LA CASA

    Uno no puede hablar ni opinar sobre un tema en concreto cuando realmente no sabe mucho de él; si bien los más activos buscaran información relacionada con el tema a exponer, otros optarán por escribir y “a ver que se me ocurre”. Por ello, veo oportuno hacerme preguntas tales como: ¿Qué se entiendo por casa?, ¿Cómo funciona?, ¿Cuál es su esencia?, ¿Qué entiende la gente de hoy en día por vivienda?, etc.

    El otro día me dio por preguntarle a mi prima – tiene 25 años y vive en casa de sus padres- la definición de casa, para la cual ella tenía una respuesta: – La casa es un lugar “para vivir”. Es cierto que en la casa “se vive”, pero también vives en el trabajo, en la escuela, en el parque de al lado de tu casa, etc. En ese instante le pregunté – ¿Cuánto tiempo estás en tu casa? Y, ¿Cuánto tiempo estás fuera de ella? Se me quedó mirando pensativa y me dijo riendo – Ahora no estoy segura si es un lugar “para vivir”, al menos literalmente.

    El hecho de que en tu casa desayunes, almuerces, cenes, duermas y te duches – que en muchos casos no siempre se hacen todas las cosas- no significa que vivas en la casa, pues la mayor parte de la vida uno se la pasa fuera de ella; eso no significa que la casa no forme parte de tu vida, de hecho yo la definiría como Le Corbusier: “ La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de felicidad” .

    En este punto se me viene a la cabeza una frase de Héctor Tizón que ayuda a entender esta idea: “La historia de un hombre es un largo rodeo alrededor de su casa”.

    La casa es un espacio íntimo donde te encargas de guardar los recuerdos de tu vida; por ello mucha gente suele asociarlo con la idea de lugar “para vivir” y no como lugar “para estar”, “para disfrutar”, “para compartir”, “para ser esperado”…

    Sin embargo, en la actualidad, las personas tienen infinitas visiones de lo que puede ser una casa; en muchos lugares se ha considerado como un medio de inversión, sin responder a algo más profundo que el simple hecho de “ganar dinero”; muchos jóvenes ven la casa como un lugar de cobijo, no presentan la idea de tener su “propia maleta” de recuerdos, sino que ven su propia vida en un “no estar en ningún sitio”, no instalarse y organizar su vida en torno a una zona en concreto, con una sociedad y una cultura, sino que prefieren no tener un sitio fijo donde establecer su vida.
    Ahora mismo uno se pregunta si la casa puede ser algo vivo, que cambia a lo largo del tiempo, que se adapta a las etapas de la vida, se transforma y da respuestas a preguntas de la propia existencia en el mundo, en la ciudad, en el entorno; porque la casa no es solo la maleta, sino también el equipaje de mano, es decir, el territorio donde está situada, la historia del lugar, su cultura, su sociedad, etc; que cambia a lo largo del tiempo y de la historia.

    Pero, ¿Qué relación tiene la maleta con el equipaje de mano?, ¿Y nosotros con ella?

    Entramos entonces a considerar que las personas tienen el derecho a una vivienda digna, estable y además, por mi parte, suya. Esta última consideración hoy en día no es posible, al menos en España y bajo la perspectiva de una familia de clase media; la explotación de la vivienda en los últimos años se ha descontrolado así como su precio, vivimos en una crisis económica que no es capaz de invertir el proceso. ¿Cómo será el final del precipicio? En mi opinión cada vez la gente optará por vivir en alquiler por no poder pagar una hipoteca, vivir “de alquiler” es más flexible que vivir “hipotecado”; ¿Deberían los arquitectos preocuparse por este problema como lo pueden hacer los médicos por los derechos a la salud? ¡Está claro que sí!

    No obstante no deja de rondar por mi cabeza una pregunta que me inquieta: ¿Podríamos vivir sin nuestro “estuche para la vida”?.

  • Ana Márquez García

    L
    La casa como necesidad y derecho:

    En la actualidad, como todos sabemos, estamos atravesando un periodo difícil en cuanto al derecho a la vivienda.
    Según el artículo 47 de la Constitución Española todos tenemos derecho a una vivienda con medidas mínimas de higiene y comodidad, un lugar donde podamos realizar nuestro desarrollo del proyecto vital. Siendo el Gobierno el que debe asumir la tarea de hacer asequible este derecho.

    Sin embargo, esto no se cumple: muchos jóvenes se encuentran en serias dificultades para obtener un lugar donde vivir, y como consecuencia continúan en casa de sus padres; algunas familias, a las que les es imposible pagar su hipoteca, están siendo desalojadas; así como los colectivos más desfavorables, los cuales no pueden pensar en tener un hogar o que viven en situaciones precarias.

    Todo esto hace que nos preguntemos acerca de la viabilidad del derecho a la vivienda, pues es sorprendente que en un estado social y democrático se estén produciendo miles de ejecuciones de desalojo, cuando existe una gran cantidad de pisos vacíos que no están cumpliendo su función social. En otras palabras, mientras que se llevan a cabo desahucios por motivos económicos, las entidades siguen acumulando inmuebles, que ponen en venta pese a ser inasequibles para la población, dando como resultado viviendas sin función.

    En mi opinión, el reconocimiento de cualquier derecho tiene unas implicaciones económicas que si no se atienden pueden conducir a una mala gestión. Es decir, hasta que la ley no contemple la vivienda como un bien básico y se modifique la actual legislación sobre el acceso a la misma, poco se puede hacer. Esto que he explicado se puede comprobar diariamente, solo hay que echar un vistazo a las entidades financieras, ya que cuando llevan a cabo un desahucio por falta de pago, en vez de saldar la deuda con la entrega de la casa, la persona debe aún pagar la vivienda: Es decir, tiene que pagar una propiedad, que ya no es suya.

    En contraposición a esto la H.I.C. (Coalición internacional de hábitat), propone la aprobación de la ILP sobre dación de pago: En caso de impago hipotecario, que sus habitantes puedan tener la opción de quedarse como inquilinos, pagando una renta.

    Sin embargo, es complicado que se redacte un proyecto de reforma, debido a que la vivienda es considerada como un bien económico, destinado al beneficio y a la especulación, y no como un bien social orientado al ejercicio de la vivienda familiar.

    Esto nos lleva a hablar sobre las consecuencias de este fenómeno: cambios en las prioridades. En la actualidad lo que la sociedad reclama es la vivienda de alquiler, por lo tanto cualquier persona que lo necesitase, debería tener la posibilidad de disfrutar de ella en condiciones asequibles. Hasta ahí todo parece correcto, sin embargo, en el día de ayer, se podía leer en el 20 minutos la siguiente noticia: “Seis de cada diez jóvenes no puede emanciparse: Asumir la letra de una hipoteca supondría casi la mitad del sueldo (48.5%), mientras que afrontar un alquiler requeriría en 45%”. Negándoles así el derecho a su desarrollo personal.

    De aquí podríamos saltar al tema de las viviendas de protección oficial. El artículo 47 antes mencionado, adopta una serie de medidas estableciendo un régimen legal para las viviendas de protección oficial, de tal forma que los ciudadanos puedan obtener una ayuda económica, en caso de niveles bajos de renta. Para poder llevarlo a cabo, cada comunidad autónoma asume una competencia exclusiva en la ordenación del territorio y vivienda. Esto en un principio puede parecer una solución al problema, pero, la demanda de este tipo de viviendas es muy superior a su oferta, de tal forma que no es un solución efectiva.

    Como respuesta a la pregunta sobre la posición de los arquitectos, decir que la figura de este debe ser como la de cualquier otro profesional, pues solo en el pueblo reside la soberanía y la oportunidad para cambiar la sociedad.

    Para finalizar, el pasado viernes se abrió en clase un debate en el cual se comparaba la figura del arquitecto con la del médico, preguntándonos si era necesario que se comportasen igual que ellos, prestando un servicio a la sociedad. Creo que esto habría que puntualizarlo, pues este sistema es posible, porque ha sido el Estado el responsable de llevar a cabo unas políticas sociales que han permitido, que un derecho tan fundamental, como el de la salud, se pueda llevar a cabo de forma gratuita para el ciudadano, pero no significa ni mucho menos que sea la figura del médico la encargada de esto de forma directa.

    Ana Márquez García

  • Juan Pedro Valle Rodríguez

    Reflexiones y argumentos sobre el tema “La Casa”

    Mi opinión es que la sociedad que nos ha tocado vivir nos ha hecho convertirnos en consumistas, lo que sumado a la necesidad innata de tener algo en posesión ha hecho que dediquemos toda la vida a lograr tener una vivienda propia y si puede ser a nuestro gusto, cosa verdaderamente difícil en la actualidad. Atendiendo a ello, se genera una nueva función al arquitecto, que tiene que atender a este aspecto conviviendo con una situación un tanto delicada. El objetivo de éste, será tratar de concebir la diversidad de respuestas que se demanda a la Arquitectura hoy en día.

    Partiendo de que la casa es básica para la vida, desde mi punto de vista las viviendas deberían satisfacer las necesidades de la situación actual, ya que la misma está sufriendo un gran cambio económico y social en estos últimos años. Dichas necesidades se deberían valorar más igualitariamente para que no existan barrios deteriorados en los núcleos urbanos. Las soluciones podrían partir desde un estudio de la evolución de los mismos, de sus viviendas en el tiempo y de los cambios que deberían sufrir.

    Para intentar resolver el problema, se debería partir de considerar la casa como un conjunto sin terminar que pueda ser modificado, ampliado o reducido en el futuro, pudiendo adaptarse a los nuevos tiempos que corran. El método estudiado se adapta correctamente a la reflexión anterior expuesta, ya que éste dice que el arquitecto mantiene una relación bastante directa con el cliente, y se dedica a lograr la mejor solución posible, hecho que hace ver el tipo de arquitectura necesaria para cada ocasión, cada tiempo, cada economía. El método nos ayuda a superar el conflicto, muy habitual, entre el proyecto del arquitecto, y el del cliente. En este caso el profesional realizará un proyecto mucho más personalizado a del usuario instantáneo, desechando proyectos estándar. Esta nueva mentalidad pretende el beneficio de un cliente a la vez que participe en el bienestar y comodidad de una comunidad. La nueva arquitectura nunca podrá ver a la vivienda como unidad independiente, sino como un conjunto de núcleos relacionados mediante una trama urbana, debiendo mantener la misma libre de obstáculos tales como vías ferroviarias, muros, falta de recursos, etc. Es fundamental abastecer de servicios, comercios y parques a los barrios desfavorecidos, favoreciendo el crecimiento igualitario, así como su nivel de desarrollo y posibles avances. Este tema se ve reflejado en Sevilla, ciudad donde convive una sociedad muy diferente que se agrupa según sus posibilidades, y que vive en comunidades en ocasiones precarias, alejadas del orden y la armonía. Las viviendas de estos barrios deben ser planificadas como pertenecientes a la sociedad y a la cultura que las engloba, manteniendo sus accesos originales, la forma de distribución en las manzanas, las calles, etc., pero adaptándose a los nuevos tiempos y necesidades.

    Una casa hoy en día debe satisfacer a la gente que el día de mañana las volverá a vender, ceder o regalar, por tanto hay que pensar que el proyecto de una vivienda debe ser personalizado al cliente inmediato que la va a habitar, teniendo en cuenta que en el futuro podrá ser reutilizada por cualquier otra persona, de forma que cumpla toda la funcionalidad para la que ha sido prevista y nunca deje de hacerlo.

    En la actualidad, el arquitecto debe pensar en la transformación que sufre su profesión y los cambios que se están produciendo en sus atribuciones. La arquitectura debe enfocarse a una vivienda cambiante que no para de renovarse con el objetivo de que en cada momento pueda satisfacer cualquier necesidad que se le requiera.

  • Victoria Martínez de Paz

    La casa como necesidad y como derecho
    ¿Podríamos vivir sin nuestro “estuche para la vida”? Recupero la pregunta que Antonio ha dejado en el aire para dar punto de vista.
    No, en mi opinión no podríamos llevar una vida plena si no tuviéramos un lugar estable y seguro donde residir. Yo creo que todo el mundo está de acuerdo en que la casa por encima de todo es un derecho necesario al que todas las personas deberían tener acceso.
    ¿Pero qué tipo de casa es esa? Por culpa de la burbuja inmobiliaria actualmente el precio de la vivienda ha aumentado tanto que la gente joven a duras penas puede acceder a comprar una, y en el caso de que lo consigan, éstas son viviendas de una calidad muchísimo menor de la que se espera de ese precio. Uno de las cuestiones actuales relacionados con la casa es la construcción de viviendas mínimas que se supone que aseguran que todo el mundo pueda acceder a una casa por poco dinero que tenga. El problema viene cuando éstas son las únicas casas que puede permitirse la gente, porque las viviendas que se construyen en masa actualmente no responden del todo a los programas de necesidades de las personas de ahora.
    Hoy en día se confunde vivienda mínima con reducción del tamaño de la vivienda y esto está muy lejos de ser cierto. Es obligación de los arquitectos el asegurarse de que la mínima vivienda que se construya en España sea una vivienda digna, que se adapte realmente a las necesidades de sus inquilinos, teniendo en cuenta que estas cambian a lo largo del tiempo, y que sea económica en cuanto a materiales, construcción y aislamiento.
    Este problema ha sido estudiado ampliamente por el arquitecto Amós Salvador, el cual propone una solución del tipo “técnico-arquitectónico” para resolver el problema a través de un plan de cuatro pasos:
    – Planteamiento del programa de necesidades, por regiones y según los usos y costumbres.
    – Fijación de los tipos de casa que desarrollarían los programas, buscando las condiciones óptimas de “capacidad, comodidad, salubridad y aspecto”, tanto para viviendas urbanas industriales, como rurales agrícolas.
    – Estudio de las disposiciones y distribuciones más acertadas de cada tipo.
    – Ensayo de los sistemas y técnicas nuevos que mejor se adaptasen a las condiciones de cada región según el clima, los recursos y el tipo de materiales disponibles.
    Como vemos Salvador propone la creación de varios programas de necesidades en vez de uno estándar para una familia estándar. Aunque este planteamiento sea de principios de siglo actualmente da la sensación de que se ignora cuando se ven las viviendas de nueva construcción.
    Estamos en un momento en el que no todo el mundo puede acceder a una vivienda y es nuestro deber como futuros arquitectos el asegurarnos de que esas viviendas, aunque sean mínimas, sean dignas.
    No es la primera vez en la historia reciente que es necesario hacerse este planteamiento. En los periodos de posguerra en Europa se llevaron a cabo concursos para buscar una casa que, con los parámetros económicos mínimos, tuviera el máximo confort. Incluso podemos señalar el libro de Hermann Muthesius “Casa mínima y barrio mínimo” que es un análisis a pequeña escala del problema que más tarde se debatiría en el CIAM de Frankfurt de 1929.
    En resumen, tenemos una sociedad en la que tener una casa no está al alcance de todos y para construir viviendas baratas se reduce la calidad de éstas. Tenemos que cambiar esta concepción de la vivienda porque, citando a Amós Salvador, “la casa verdaderamente económica tendría que ser la que, manteniendo los principios de la técnica arquitectónica (estructura, distribución, comodidad, buena calidad y correcto empleo de los materiales), fuese al mismo tiempo suficiente y mínima.”

  • Antonio Calero Castro

    El papel del arquitecto en el derecho a la vivienda
    Por: Antonio Calero Castro, G:2.10 ETSAS

    La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 25, “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica…” El Comité de Derechos Urbanos de Naciones Unidas en su Observación General nº 4, define y aclara el concepto del derecho a una vivienda digna y adecuada, ya que el derecho a una vivienda no se debe interpretar en un sentido restrictivo simplemente de cobijo sino, que debe considerarse más bien como el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad.
    La Constitución española establece en su artículo 47 el derecho al disfrute de una vivienda digna y adecuada, siendo los poderes públicos los responsables de promover las condiciones necesarias y de establecer las normas adecuadas para hacer efectivo este derecho. Asimismo, el Estatuto de Autonomía para Andalucía reconoce en su artículo 25 “la obligación de los poderes públicos de favorecer el acceso en condiciones de igualdad a una vivienda digna y adecuada, estableciendo las medidas necesarias a tal fin”
    Una vivienda debe ser fija y habitable y se debe de proyectar, ejecutar y conservar de tal forma que se cumplan los requisitos básicos de funcionalidad, seguridad, habitabilidad y accesibilidad, establecidos por las normas de cada país. Donde cumpla con unos mínimos requisitos de confort, asilamiento climático, seguridad estructural, calidad constructiva etc.
    Estos documentos o leyes respaldan el derecho a una vivienda y los políticos deben ser quienes hagan cumplirlas. En el papel del arquitecto está el promover, el concienciar a la gente que es un derecho y que debemos reclamarlo, pues este derecho nos concierne por ser nosotros los productores de esta. El arquitecto en una de sus facetas está el dar soluciones a los problemas sociales, intentando dar respuestas mediante proyectos que sean capaces de mejorarlos y solucionarlos. Quizás la vía de solución sea la rehabilitación de los existente y su acondicionamiento (no solo en términos climáticos sino de habitabilidad en su término más amplio) para una vida más confortable y próspera que tenga en cuenta las necesidades actuales de la población en general y de los habitantes de la vivienda en particular.
    Al igual que la arquitectura puede mejorar las relaciones públicas implantando lugares de convivencia en las ciudades (plazas, jardines, parques…lugares para el intercambio equipamientos) y convertir un barrio sin vida en uno barrio de relaciones sociales y comerciales, también puede cambiar la vida de las personas de puertas para dentro, acondicionando, rehabilitando y distribuyendo nuevamente la vivienda, sacando el máximo partido de lo existente y con un presupuesto ajustado. Según se nos presenta la profesión actualmente, probablemente el lugar donde más se nos necesite sea en este campo rehabilitando zonas y edificios ya existentes y deteriorados, bien por su uso, bien por su mal planteamiento inicial o por su estado obsoleto, pues no se trata de construir terrenos vírgenes, sino de reconstruir o reformar terrenos y viviendas en estado precario en lugares anteriormente habitados. Si esto se pusiese en práctica y para ello se necesita el apoyo político, sería una gran ayuda para la sostenibilidad, que tanto se habla de ella pero tan poco se hace en su favor.

  • Raquel Rodríguez Martínez

    “El derecho a la casa”

    Después de haber leído el ”Blog del Taller” y bicheado un poco por internet, he llegado sin remedio a la conclusión de que el arquitecto, al igual que el médico en la sanidad pública, debería tener una participación más activa frente al acceso a la vivienda del ciudadano.

    Hay muchas opciones para que el arquitecto ayude al ciudadano. Habría que realizar un estudio y analizar cuáles son las barreras que impiden ese acceso y los diferentes grupos sociales que tienen problemas. Se me ocurren muchas soluciones, como darle al arquitecto un papel de asesor frente a estas personas, para estudiar su caso y cuál es su mejor opción de acceso a una vivienda, conociendo este la normativa, ayudas…

    Pero prefiero hablar de lo que a mí me toca de cerca, y de lo que por experiencia cercana conozco, el acceso a una vivienda que realiza cada año, haya crisis o no, un gran grupo social, “el estudiante universitario” que vive fuera de su casa paterna.

    En España, las ayudas económicas para que los estudiantes que viven fuera puedan mantenerse en la ciudad donde estudian son inexistentes o exageradas, pero en muy pocos casos estas ayudas están bien asignadas o su beneficio optimizado. No se trata simplemente de asignarle una cantidad económica a aquellas personas que pueden demostrar que en sus hogares hay una renta baja, si no de asegurarnos de que esto es así, que se les asigna la cantidad adecuada y que hacen buen uso de ella. Por supuesto que por el derecho a la educación de todos los ciudadanos se debe respaldar económicamente a aquellos que menos recursos tienen, pero deberíamos intentar hacerlo de la manera más óptima posible.

    Podríamos hacer un estudio sobre a dónde va a parar cada euro de ayuda que recibe un estudiante, dónde está bien aprovechado y dónde no. Uno de los grandes sacos rotos a donde va a parar ese dinero es en el alquiler de la vivienda. Si ese dinero el gobierno en lugar de regalarlo lo administrase de otro modo no se derrocharía tanto.

    Por ejemplo, en Francia el estado paga a los estudiantes el 50% del alquiler de la vivienda. ¿Qué se consigue con esto? Pues se obliga a los propietarios que alquilan a formular un contrato y no fomentar la economía sumergida y el dinero no va al estudiante para que éste se lo administre como más le convenga, sino que va directamente dirigido cubrir la necesidad básica de una vivienda. Otro ejemplo es Alemania, donde el estado o la universidad ponen al servicio del estudiante préstamos que son devueltos sin intereses una vez que el estudiante tiene un contrato de trabajo. ¿Y con esto? Sólo piden el dinero aquellos estudiantes que de verdad lo necesitan y no es un dinero perdido, después se recupera una vez conseguido el objetivo (que el ciudadano pueda tener una formación universitaria para acceder a un puesto de trabajo). Así este dinero siempre está en movimiento y al servicio de todos.

    Una solución sería organizar residencias universitarias o viviendas donde alojar a los estudiantes durante el periodo académico. Que éstas fueran propiedad del estado y así reducir aproximadamente a un tercio la cantidad económica que se les asigna. De este modo nos aseguraríamos que el estudiante vive en un espacio adecuado a sus necesidades y se dejaría de fomentar la actividad económica sumergida de los alquileres sin contrato de pisos poco adecuados. Al mismo tiempo el estado se ahorraría una gran cantidad de dinero en el alquiler de pisos de estudiantes.

    Otra, aun que parezca que no venga al caso, sería la de facilitar el acceso a los estudiantes a unas prácticas, remuneradas por supuesto, que pudieran facilitarles autofinanciarse sus gastos.

    Debemos cambiar la mentalidad y hacer un uso responsable de los recursos de los que disponemos. Al igual que ha ocurrido en la sanidad pública, donde se han visto obligados a entregar a cada paciente una factura con desglose de gastos generados por su intervención para que se haga un uso responsable de ella y se tenga conciencia del gasto que se produce, se debería tomar alguna medida similar con las ayudas a estudiantes, que se tome conciencia que es un dinero de todos destinado a un beneficio particular y también social, tener una población con un buen porcentaje de profesionales universitarios.

  • Francisco José Romero Domínguez

    En primer lugar antes de comenzar a dar nuestra opinión sobre la vivienda como derecho, deberíamos tener en cuenta que es lo que entendemos como vivienda, podemos entenderla como un bien, o mejor dicho un objeto, como una necesidad, o como una inversión a corto o largo plazo.
    Sinceramente nunca me había parado a pensar esto detenidamente y siempre había considerado una vivienda como un bien, pero una vez más documentado en el tema lo que entiendo como tal es :
    Es una edificación cuya principal función es ofrecer refugio y habitación a las personas, protegiéndoles de las inclemencias climáticas y de otras amenazas naturales.
    Solo puede llamarse vivienda como norma internacional a toda edificación o construcción con capacidad para permitir el desarrollo natural de toda vida, refiriéndonos a energía, agua, alimentación, transporte, telecomunicación, etc…
    La vivienda es un elemento fundamental para garantizar la dignidad humana. En ella no sólo se desarrolla la vida privada de las personas, sino también es un espacio de reunión, de convivencia, protección y cuidado de las familias y comunidades. En una palabra, es una necesidad básica de la condición humana. Por eso es tan importante para todos.
    Pienso que todos deberíamos poder optar a una vivienda digna y adecuada tal y como aparece en la constitución, pero también aparece en ella que los poderes políticos deben de PROMOVER las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho. Cosa que no considero totalmente cierta por motivos que desarrollaré más adelante.
    También dice que regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.
    Yo lo que pienso es que puede ser un factor primordial para con este problema el alquiler de la vivienda, algo que es muy minoritario en nuestro país pero en otros países está muy desarrollado.
    Pensando en aquellos que no pueden hipotecarse durante toda su vida, o los que pudiéndolo hacer no quieren pasarse el resto de sus vidas dependiendo de agobiantes letras.
    Pero cuando hablamos de ciertos derechos básicos entramos en colisión con el enriquecimiento que algunas personas que lo que lo quieren hacer rápidamente. Ahí es cuando debe actuar la Administración para impedir que la ambición de unos impida el derecho de muchos.
    Este último párrafo creo que es bastante importante, ya que no veo justo que por el capricho de terceros se prive de un derecho a muchos otros que no tengan el mismo poder económico.
    Pienso que la Administración debería tomar medidas en contra de esto. Como también casos que se han visto en los que el demandante venda la vivienda de protección oficial a terceras personas, personas que no podrían optar a estas viviendas dado que sobrepasan los requisitos que piden.
    Tras todo esto, llegar a una conclusión, todos tenemos derecho a una vivienda digna, la Administración debería tomar un papel más activo en dichas actividades promocionando acciones que desarrollen más comodidades a la hora de optar por una vivienda digna. Una de las soluciones que también propongo es que se fomente la vivienda de régimen de alquiler en España, ya que eso es un gran motor de propulsión en otros países mientras que en España no hacemos uso de él.
    Francisco José Romero Domínguez

  • Ana Fernández Berraquero

    El ser humano desde su estado más primitivo tiene la necesidad de desarrollar su identidad dentro de un territorio y del mismo modo posee otra necesidad instintiva relacionada con la anterior: la búsqueda de guarida. Es una tendencia innata que poseen hasta los animales menos evolucionados para protegerse y defenderse del mundo que le rodea.
    A lo largo de su evolución, el ser humano abandona su estado primitivo nómada y cazador para hacerse sedentario y agricultor instalándose en terrenos fértiles cercanos a ríos adecuados para abastecer sus nuevas necesidades. Así comienza a desarrollarse las distintas formas de protegerse del entorno que cubrían sus necesidades más básicas, desde los primeros refugios naturales hasta la construcción de las primeras viviendas más o menos elaboradas.
    Progresivamente llegamos al ser humano actual instalado en las grandes urbes, y poco más desahogado, en el mundo rural.
    Con todo esto, bajo unas circunstancias u otras, la necesidad de vivienda perdura en el ser humano a pesar de los siglos transcurridos. Aunque las necesidades secundarias varíen en el transcurrir de los años con la evolución que constantemente experimenta el hombre, la necesidad primaria de tener acceso a una vivienda siempre persiste, y no difiere mucho la concepción primitiva de la que tenemos en la actualidad pues sigue siendo un espacio de reunión, de convivencia, protección, refugio con el exterior.
    Cada individuo tiene la necesidad de un hogar propio donde asentar su vida. La adquisición de una vivienda digna se ha convertido en un derecho imprescindible en toda sociedad.
    La vivienda por tanto como se ha indicado con anterioridad es un derecho y también, como hemos podido comprobar con el análisis de la evolución del ser humano desde sus inicios más primitivos, es una necesidad básica de la condición humana que toda persona debería de disfrutar y, por tanto, tener acceso a ella.
    La jurisprudencia nacional e internacional considera el acceso a la vivienda como un derecho humano de primera importancia. La Declaración Universal de Derechos Humanos, por su parte, afirma que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, entre otras cosas, la vivienda.
    Un ejemplo puntual sobre la negación a este derecho y necesidad humana se encuentra en El Salvador: Se reconoce oficialmente que el déficit habitacional sobrepasa las 500 mil viviendas, y se concentra especialmente en los estratos de población de menores ingresos. Cuando la vivienda deja de ser un derecho para convertirse predominantemente en un negocio, ésta queda restringida y determinada por las fuerzas especulativas y excluyentes del mercado, sólo tienen posibilidad de tener una vivienda los que son sujetos de crédito. Las familias pobres deben asentarse en zonas alejadas, carentes de servicios básicos y en viviendas precarias.
    Nosotros como personas, y más aún los arquitectos como profesionales de una “disciplina socialmente útil” debemos reivindicar el derecho de acceso a una vivienda digna, en estos casos extremos y puntuales como el de El Salvador, no se trataría de condiciones máximas sino mínimas, para que gran parte de familias de bajos ingresos puedan desarrollarse con dignidad.

  • Victoria López Cortés

    El derecho a la casa.

    Este segundo año, como estudiante de grado de arquitectura nos proponen la nueva asignatura de taller, enfocada al tema de la casa como una necesidad básica para la vida, pero ¿puede disfrutar todo el mundo de una, aún siendo una necesidad que tiene todo ser humano?

    La realidad es que no, hay miles de personas que viven en la calle, tugurios, barrios de chabolas, infraviviendas y siguen en aumento debido a la crisis que estamos viviendo. Lo que llama la atención de esto, es que esta necesidad de habitar en una casa está recogida como un derecho en la Declaración de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica…..”.

    Muchas comunidades como Andalucía llevan a cabo algunos programas para intentar disminuir este problema, promueven el acceso a una vivienda digna y adecuada entendiendo ésta con un precio asequible a todos los niveles y con las condiciones de habitabilidad cubiertas, situadas en ámbitos urbanos adecuados con las dotaciones de servicios, espacios verdes, plazas y equipamientos necesarios, conectados con la red de transporte público de las ciudades, lo hacen a través de una política de actuaciones en materia de vivienda protegida y suelo, por un lado en los desarrollos equilibrados de las ciudades y por otro mediante la conservación, mantenimiento y rehabilitación del parque de viviendas existente.

    Quizás con estas políticas que llevan a cabo las diferentes comunidades se pueda reducir este problema social, pero aún así no está del todo abolido.

    Ahora la cuestión sería preguntarnos si el papel del arquitecto tiene algo que ver con el derecho a la vivienda y si puede aportar algo para que este derecho se cumpla como es debido.
    El arquitecto puede ser un pilar fundamental en este aspecto que estamos tratando, adaptándose a las condiciones de nuestro tiempo y fijando sus objetivos en este tipo de problemas, que quizás en su formación universitaria no se hayan planteado nunca y se hayan visto enfrentados muchas veces a ellos durante su trayectoria profesional.

    Por este motivo, podría ser muy productivo que en los tiempos que corren a los estudiantes de arquitectura se les planteen problemas reales de este tipo para que desarrollen nuevas formas de cumplir este derecho a una vivienda digna que muchas personas no poseen.
    Por ejemplo sugerir la posibilidad de entender la vivienda social como campo para la investigación e innovación, sin por ello renunciar a su función histórica, vinculada a la compensación de los desequilibrios producidos por el mercado inmobiliario.

    En conclusión se puede decir que los arquitectos pueden tener un papel fundamental en este campo si se promueven más investigaciones sobre estos problemas sociales y si existen universitarios que estén dispuestos a fijar sus objetivos en este tema aceptando las responsabilidades que ello conlleva, para poder crear un mejor futuro que el que nos puede esperar sin la participación de estos.

  • Isabel Corpas

    La Casa como objeto de necesidad y derecho
    Tal y como afirman numerosos escritos como el artículo 25 de la Declaración de Derechos Humanos, el artículo 47 de la Constitución Española y la Ley reguladora del Derecho a la Vivienda en Andalucía, la vivienda es un derecho del ser humano al que todo individuo debería tener acceso.
    ¿Qué ocurre cuando esta necesidad básica no se cumple? Cuando parte de la sociedad no puede acceder a este derecho se crea inseguridad en nuestras calles, formándose así una mala convivencia, zonificación y marginación de barrios. Nadie quiere salir de su casa y encontrarse a personas “sin techo” durmiendo enfrente de nuestro hogar, de nuestro trabajo o lugares de ocio. Sin embargo, la mayoría optamos por mirar hacia otro lado y pensamos que nosotros no podemos solucionar nada.
    Considero que la responsabilidad del cumplimiento de esta necesidad es mayoritariamente del Estado. Éste es el que ha de promover y facilitar viviendas para aquellos que no lo tienen a su alcance. Una manera de lograrlo pienso que podría ser el fomento de la vivienda en alquiler y la rehabilitación de los edificios vacíos, dando facilidades a aquellos cuyos ingresos son mínimos, tal y como dice el artículo 47 de la Constitución española:
    “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”
    Por otro lado, ¿Tenemos los arquitectos alguna responsabilidad en el cumplimiento de este derecho? Por supuesto, pienso que los arquitectos y toda persona dedicada a la construcción debe responder ante esta necesidad proporcionando también su acceso de manera más viable. Por ejemplo, se pudiera actuar diseñando viviendas a costo reducido y espacio limitado, o, simplemente adaptándola según las necesidades de los futuros individuos, ya sean jóvenes, ancianos, o familias.
    En la época en la que vivimos tenemos que tomar la iniciativa de cambiar las cosas, puesto que es más que evidente que nos hemos equivocado y de continuar así no habrá solución. Para empezar, se debería considerar la vivienda no como una propiedad, “un objeto de uso, no un bien de consumo”. Con esta concepción la vivienda podría llegar a ser más manejable, pudiendo dar así movilidad a nuestras vidas.
    A la mayoría de la población le encanta viajar, conocer lugares nuevos, pero siempre llega un momento en el que, como dicen los padres, “hay que asentar la cabeza” y adaptarnos a un lugar donde formar nuestra vida. Tal como un antiguo profesor mío decía: “hay personas que duermen con una maleta a los pies de la cama, puesto que están continuamente viajando de un lugar para otro” ¿Podría ser la vivienda un lugar de transición o siempre será un lugar donde reposar? Quizás el problema no sea de la casa, sino de modificar nosotros nuestra mentalidad.

  • Isabel Corpas

    La Casa como objeto de necesidad y derecho
    Tal y como afirman numerosos escritos como el artículo 25 de la Declaración de Derechos Humanos, el artículo 47 de la Constitución Española y la Ley reguladora del Derecho a la Vivienda en Andalucía, la vivienda es un derecho del ser humano al que todo individuo debería tener acceso.

    ¿Qué ocurre cuando esta necesidad básica no se cumple? Cuando parte de la sociedad no puede acceder a este derecho se crea inseguridad en nuestras calles, formándose así una mala convivencia, zonificación y marginación de barrios. Nadie quiere salir de su casa y encontrarse a personas “sin techo” durmiendo enfrente de nuestro hogar, de nuestro trabajo o lugares de ocio. Sin embargo, la mayoría optamos por mirar hacia otro lado y pensamos que nosotros no podemos solucionar nada.

    Considero que la responsabilidad del cumplimiento de esta necesidad es mayoritariamente del Estado. Éste es el que ha de promover y facilitar viviendas para aquellos que no lo tienen a su alcance. Una manera de lograrlo pienso que podría ser el fomento de la vivienda en alquiler y la rehabilitación de los edificios vacíos, dando facilidades a aquellos cuyos ingresos son mínimos, tal y como dice el artículo 47 de la Constitución española:

    “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

    Por otro lado, ¿Tenemos los arquitectos alguna responsabilidad en el cumplimiento de este derecho? Por supuesto, pienso que los arquitectos y toda persona dedicada a la construcción debe responder ante esta necesidad proporcionando también su acceso de manera más viable. Por ejemplo, se pudiera actuar diseñando viviendas a costo reducido y espacio limitado, o, simplemente adaptándola según las necesidades de los futuros individuos, ya sean jóvenes, ancianos, o familias.

    En la época en la que vivimos tenemos que tomar la iniciativa de cambiar las cosas, puesto que es más que evidente que nos hemos equivocado y de continuar así no habrá solución. Para empezar, se debería considerar la vivienda no como una propiedad, “un objeto de uso, no un bien de consumo”. Con esta concepción la vivienda podría llegar a ser más manejable, pudiendo dar así movilidad a nuestras vidas.

    A la mayoría de la población le encanta viajar, conocer lugares nuevos, pero siempre llega un momento en el que, como dicen los padres, “hay que asentar la cabeza” y adaptarnos a un lugar donde formar nuestra vida. Tal como un antiguo profesor mío decía: “hay personas que duermen con una maleta a los pies de la cama, puesto que están continuamente viajando de un lugar para otro” ¿Podría ser la vivienda un lugar de transición o siempre será un lugar donde reposar? Quizás el problema no sea de la casa, sino de modificar nosotros nuestra mentalidad.

    • Pablo Glez

      Aunque hay personas que, por su desarraigo, su espíritu aventurero, o porque simplemente eligen no formar una familia (tendencia que va en aumento en la sociedad occidental en respuesta a la superpoblación), acaban llevando una vida nómada, estos casos siguen siendo anecdóticos. Sobre todo porque exigen de una base económica fuerte como respaldo para estas peripecias. No. Cuando hablaba en la primera clase de buscarse la vida a lo largo del viejo continente con una maleta, me refería a una solución puntual para que los jóvenes ganen experiencia y formación complementaria en pos de encontrar su lugar en una sociedad competitiva e hiperespecializada. Es simplemente la consecuencia de la globalización y el aumento de la movilidad. Ya no tienes que repartirte el trabajo con tus vecinos, sino con el resto de españoles e incluso extranjeros. Es cada vez más difícil encontrar trabajo en el mismo sitio en el que creciste y estudiaste; para encontrar tu lugar en el mundo tienes que moverte también, unirte a la correntía. De esta manera, ampliaremos nuestro marco de posibilidades a la hora de asentarnos y conseguir una vida estable.
      Al margen de este apunte, obviamente, la realidad y el objetivo de estudio para abordar el tema de la casa sigue siendo la familia, en su sentido biológico: estructura social vertical. Posiblemente, la familia sea uno de los factores condicionantes que hacen de la vivienda una necesidad, la necesidad de dar protección y garantizar un entorno seguro no tanto para uno mismo como para los más vulnerables: los hijos. Quizás, un individuo independiente pueda desarrollar su vida sin tener un hogar fijo y propio, pero cuando aparecen los hijos este sedentarismo se hace necesario. Un ejemplo de esto es que cuando se llevan a cabo desahucios, uno de los puntos más escabrosos suelen ser los hijos, tanto en los ámbitos legales y jurídicos como en lo emocional. El acceso a una vivienda digna y una comunidad próspera es fundamental, sobre todo, para garantizar un contexto en el que puedan crecer y desarrollarse cómodamente estos nuevos eslabones de la sociedad, que vienen al mundo libres de los pecados de sus padres y sin haber oído hablar acerca del calvinismo, el mercantilismo ni el darwinismo social.
      Garantizar la vivienda a todas las familias es un garante de prosperidad y futuro. No se trata solo de imponer igualdad social, sino de asegurarla en el futuro. La responsabilidad es doble.
      Pero la problemática del derecho a la vivienda tiene dos escalones de dificultad. Por una parte, tenemos el ámbito local y nacional. En los países desarrollados, incluido España, existe la infraestructura y los recursos suficientes como para proporcionar vivienda a todas las personas. De la misma manera que el agua es un bien básico y comunitario, la vivienda debería estar al alcance de todos. No es una utopía, ni requeriría una gran inversión de capital. Se trata simplemente de un acto simbólico, un leve gesto de solidaridad. Por otra parte, si vamos a la escala mundial, la cosa se vuelve más compleja. En los países subdesarrollados es un auténtico reto, se trata no de repartir equitativamente, sino de levantar desde cero redes de infraestructuras, vías de comunicación, tejido urbano, etc. Esto requeriría una enorme inversión económica por parte de los Estados y sería insostenible de no ser acompañado por la creación de puestos de trabajo para toda esta población que vive en la miseria.

      Los arquitectos y urbanistas tienen grandes herramientas para luchar contra la marginación y la estratificación social y mejorar las condiciones de vida de las personas, creando un tejido urbano homogéneo con viviendas eficaces, sostenibles y saludables y mejorando el ya existente. Son claramente motor de un cambio social, motor, pero sin energía. Para hacer esto, se necesita inversión, ya sea pública o privada, y con este régimen mercantilista y sin escrúpulos sobre la vivienda y el suelo, sólo podemos dar pasos de tortuga. Porque no es sólo cuestión de dinero, sino de unos ideales y valores férreos, un buen hacer y filantropía. Mientras las inmobiliarias sigan discriminando a los diferentes sectores sociales, planteando esquemas de viviendas insalubres de condiciones infrahumanas para los más desfavorecidos, seguirá existiendo la marginalidad. Hay que garantizar un techo sí, pero sobre todo un entorno próspero y de convivencia.

  • lacasa2011

    Os dejo una lectura para reflexionar sobre el entendimiento de “la casa” a lo largo de la historia, de como se han incorporado nuevos valores y requerimientos:

    http://books.google.com/books?id=ca6UE2wm0PUC&printsec=frontcover&dq=casa+historia+de+una+idea#v=onepage&q&f=false

  • María José Leza Cruz

    La casa como necesidad y como derecho.

    La casa entendiéndola como el lugar donde se habita, donde uno tiene sus pertenencias, donde se encuentra el lugar de cada uno desarrolla sus actividades particulares, de descanso, aseo, lúdicas, nutrición, esparcimiento, relacionarse con otras personas, amigos, familiares… es una necesidad intrínseca al ser humano.
    Muchas de estas actividades que ocupan parte de nuestro tiempo no tienen por que desarrollarse en nuestra casa, se pueden realizar en hoteles, restaurante, sitios al aire libre y no por ello son nuestra casa o ni siquiera la de un conocido o familiar, y no por ello dejamos de realizar nuestras actividades vitales.
    Y desde luego la necesidad de una casa la tenemos todos, eso si, amoldándolas a nuestras necesidades, de ahí que a veces que con una sola maleta baste para satisfacer nuestras necesidades en un momento determinado del nuestra vida y no por ello sea así, siempre, habrá momentos y circunstancias en nuestras vidas que requieran que nuestra casa como necesidad no sea únicamente una maleta cuando puede que en otros momentos así fue.
    La casa como necesidad se entiende y las dimensiones y capacidad de la misma son variables dependiendo de la necesidad de cada uno.
    El conflicto aparece cuando hablamos de la propiedad de la casa, ya que no tiene por que estar unido la necesidad de una casa y el derecho a ella con la propiedad de la misma.
    Claro que en estos últimos tiempos donde se ha especulado y la vivienda ha sido la moneda de cambio, la inversión de todo un país se ha basado en la construcción la idea de vivienda ha pasado a un segundo lugar, y se ha hecho un bien, que aún siendo de primera necesidad una necesidad y derecho vinculado a la persona ha perdido la capacidad de ser accesible al ciudadano de a pie, al que por su juventud, no ha podido montarse al tren de ser propietario de su propia vivienda.
    Ya que todo derecho lleva implícito unas obligaciones, la capacidad de poder asumir las reglas del juego de los especuladores.
    Cuando para unos el acceder a adquisición de una vivienda ha sido su negocio, su fondo de inversiones para otros hace imposible cubrir su necesidad de tener una vivienda, su propia casa.
    Eso unido a que en España no hay una legislación clara y contundente para legislar el alquiler hace que muchos jóvenes no puedan acceder a lo que implica tener una vivienda propia, entendiendo que no tiene por que ser en propiedad.
    Para otros que se subieron al carro y jugaron a ser propietarios ha supuesto su condena, su inquietud llegando a quitarles el sueño, los bancos han jugado a mirar a otro lado, concediendo hipotecas por importes mayores al valor real de los inmuebles y que luego ante la incapacidad de cumplir con las obligaciones contraídas de devolución de los prestamos ha supuesto su desahucio.
    El hecho de que la economía de un país se haya basado en el negocio de un bien de primera necesidad y un derecho ha imposibilitado que este derecho sea considerado como un lujo o privilegio para muchos.
    Llegando a situaciones paradójicas como, que ahora mismo hay más viviendas que nunca vacías en manos de constructoras y banco sin ocupación y por otro lado la demanda de vivienda como derecho no este cubierta para un sector muy importante de la población.
    Eso ligado a que donde se encuentran ubicadas esas viviendas no es donde es mayor la demanda. Hace que la situación sea un problema de difícil solución.
    A parte de la ubicación, no se ajustan a las características de la vivienda demanda por el gran público.
    Convirtiéndose un derecho en una carga, llevando implícito unas obligaciones que no son fáciles ni asumibles por el sector de población que mayor necesidad tiene de cubrir esta necesidad.
    Será en momentos difíciles cuando que haya que agudizar el ingenio y entre los técnicos, políticos, entidades bancarias y consumidores de un derecho se pueda llegar a una solución a la situación que tenemos establecida actualmente en nuestro país.

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